Laura corría siempre mirando la pantalla, perdiendo zancada y alegría. Cambió a canciones consecutivas con crossfade y marcó sprints solo cuando sonaba el drop. En dos semanas mejoró su 5K y, sobre todo, recuperó esa sonrisa que hacía tiempo no aparecía en el espejo del gimnasio.
Marcos odiaba los burpees hasta que ató cada serie a estribillos explosivos. Con thrusters ligeros al ritmo de 160 BPM, aprendió a respirar en los versos y a sostener técnica en puentes. Hoy mide menos repeticiones fallidas, más confianza y una constancia que se traduce en energía fuera del box.